María Vallina en perspectiva

María Vallina pertenece al grupo de artistas nacidos en Asturias a finales de la década de 1970 y comienzos de la siguiente que se han dedicado prioritariamente a la pintura, aunque, como en el caso de esta creadora, sin dejar de abrirse en los últimos años a la experimentación con nuevas técnicas, materiales y soportes, así como al contacto con otras disciplinas. Nacida en Langreo en 1978, y licenciada en Bellas Artes por la Universidad Complutense, desde 2003 en que realizó su primera exposición individual en la Galería Selón de Madrid, y hasta la actualidad, esta artista ha descrito una de las trayectorias más interesantes, coherentes y prometedoras de su generación.
Su carta de presentación ante el público asturiano se produjo en 2004, cuando la pintora celebró dos exposiciones consecutivas en la Galería Altamira de Gijón y en la Sala Borrón de Oviedo. En aquellos trabajos podía verse la huella dejada en su temprano quehacer por algunos de los artistas abstractos más destacados del panorama pictórico español del último medio siglo como Albert Ràfols Casamada y, sobre todo, José Guerrero. Ahora bien, su pintura lograba la mayor parte de las veces superar esas referencias, eligiendo un punto de partida de gran interés y gracias al cual lo que se trataba de reafirmar era simple y llanamente el placer de pintar. En este sentido, y a la vista de su trabajo, ya por aquellos años podía asegurarse que para esta artista no había discusión posible acerca del estatuto de la pintura y de su absoluta vigencia como medio capaz de expresar las distintas emociones que brotaban en el interior de su ser.

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