Ramón Isidoro. Lírico fulgor

El 28 de noviembre de 2013, el artista leonés –aunque afincado en Asturias– Ramón Isidoro (Valencia de Don Juan, 1964) inauguraba en el Museo de Bellas Artes de Asturias la exposición Fulgor. Con esta muestra, la nueva dirección del museo, encabezada por Alfonso Palacio, abría un un programa dedicado a artistas asturianos contemporáneos y destinado a consolidar la institución como un «centro vivo», que recibiera a las corrientes actuales y las pusiera «a dialogar» con las obras clásicas que custodia y muestra.

La propuesta de Isidoro para esta exposición fueron seis instalaciones distribuidas por distintas salas del museo. En ellas, la pintura, la fotografía y se combinaban con pantallas retroiluminadas para crear unas atmósferas en las que el título de la exposición desenvolvía todos sus significados y asociaciones semánticas.

Reproducción de una lámina del catálogo «Fulgor».Aunque la muestra se clausuró en febrero de 2014, su memoria ha quedado en forma de catálogo. Una publicación muy especial, diseñada por Manuel Fernández, para la que el Bellas Artes ha invitado a algunos de los mejores conocedores de la obra de Isidoro. Dentro de una carpeta se encuentran nueve pliegos en los que, por una cara, se pueden ver las obras que formaron la muestra —en fotografías de Marcos Morilla— y, por la otra, se imprimen los textos del ensayista José Manuel Cuesta Abad, el artista Avelino Sala, la profesora de arte contemporáneo Imma Prieto, el crítico José Corazón Ardura, el músico Xabel Vegas, el profesor de literatura Leopoldo Sánchez Torre, los escritores José Luis Piquero y Ricardo Menéndez Salmón, así como el propio director del Museo de Bellas Artes y comisario de la exposición, Alfonso Palacio.

José Luis Corazón se pregunta en estas páginas «¿cómo tratar el tema del fulgor o de la muerte de la luz desde la poesía o la pintura?», a lo que responde, tajante, que «en el caso de Ramón Isidoro no se trata de una confusa cuestión de sinestesia». «Tras esas pinturas casi monocromáticas y espesas, habita una sutil filtración de la luz, casi transparente. Siquiera como anuncio de lo absoluto, la incerteza de esta luz debe provenir de algo oculto», profundiza el crítico de arte.

En un sentido semejante, Alfonso Palacio destaca del arte de Isidoro su experimentación con los límites, entendidos como «transiciones», antes que como «rupturas bruscas de unos campos de luz con otros o de unas tonalidades determinadas con las que son sus vecinas». La consecuencia, para Palacio, es un arte «que se nos muestra muy equilibrado y del que emana un cierto misterio, al mismo tiempo que un refinado lirismo, muy característico de este creador».

Precisamente, tanto la poesía como la música desempeñan un papel muy relevante en la obra de Ramón Isidoro. Los nombres de René Char, Paul Celan, José Ángel Valente o Wallace Stevens están presentes en los títulos de sus obras al lado del de músicos como Randy Newman, David Sylvian, Chet Baker o Mark Lanegan. «Cae la noche en algunas obras de Ramón Isidoro. Él ama a los poetas», dice en su escrito José Manuel Cuesta Abad, quien no duda en definir al artista como «poeta de la luz y el color». Por su parte, Avelino Sala trae a colación la pasión de Isidoro por la música y su relación con el grupo Manta Ray, para los que no sólo diseñó las portadas de sus discos, sino que se encargó también de la puesta en escena durante sus conciertos. «Acumulaba capas en torno a la banda, creaba espacios oníricos sobre el escenario que se integraban con los músicos, cegando al público o bañándolo en una niebla inquietante y nada esclarecedora», recuerda Sala.

Pigmentos y luz, palabra y música son los ingredientes que mezcla Ramón Isidoro para despertar en la conciencia del que contempla ese fulgor que transforma la realidad circundante y que, más allá de la sala de exposición, puede seguir disfrutándose en el catálogo que edita el Museo de Bellas Artes.

 

Fulgor PortadaFulgor
Ramón Isidoro
Museo de Bellas Artes de Asturias

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