Reinventando las ciudades

MANUEL GARCÍA
Yo vivo en una ciudad de tamaño medio, más bien pequeño, en un país que ha sido esquilmado de forma implacable por no se sabe quién en los últimos años. Esta situación resulta realmente descorazonadora, ya que es muy frustrante no conocer los nombres de las personas y de las entidades que han sumido a esta tierra en un erial, y lo de erial debe entenderse de manera literal, ya que la tierra solo servía para un fin, levantar sobre ella edificios, cualquier otro uso era una tontería no rentable.

Ahora de repente nada de aquello es cierto, la caída ha sido brutal, y la situación anterior ha cambiado por completo. Además se trata de un lugar envejecido, con la menor tasa de personas jóvenes del país, y sin una renovación sostenible de la población. Por ello, el ambiente es, cuando menos, gris muy oscuro. También hay que decir que las personas jóvenes antes vivían aquí, pero ya hace años comenzaron a marcharse, primero la referencia eran unos quinientos kilómetros, ahora ya se ha multiplicado por diez y está por los cinco mil; el planeta tiene cuarenta mil de perímetro, así que es de esperar que la progresión de la lejanía no siga creciendo a este ritmo…

En medio de este marasmo los biempensantes aconsejan reinventarse, lo que hasta el momento no ha cosechado grandes éxitos; ya que un ingeniero de 25 años repartiendo comida a domicilio no se está reinventando, está sobreviviendo, no se ha formado para eso, y lo que es más incomprensible, toda la inversión realizada en su formación no se está aprovechando.

Así pues parece que tenemos que reinventarnos, nosotros y nuestra forma de vida. Nuestra forma de vida es urbana, en su mayor parte; la población rural es menor cada año e incluso su forma de vida está llena de elementos urbanos. De manera que también se plantea la reinvención de la ciudad, cuestión nada fácil. Las ciudades que conocemos y en las que vivimos tienen (al menos en este entorno cultural) cinco siglos, diez siglos o más de veinte siglos de historia; no resulta sencillo reinventar algo con una herencia cultural e ideológica tan larga y que ha sido objeto de ataques despiadados, sobre todo en los últimos años.

En la pequeña ciudad que yo conozco bien, el crecimiento de los últimos años fue importante, pero no es nada comparado con otras zonas de este país; aún así el territorio previsto para su crecimiento sobra por todos lados, hay grandes espacios urbanizados, con calles y farolas que solo iluminan solares vacíos, y que van a seguir vacíos muchos años.

¿Reinventar? O sea inventar de nuevo, pero ¿quién o qué llevó al invento anterior? A este invento que tenemos que dar la vuelta, porque desde luego no sirve. Si además tenemos en cuenta las grandes inversiones, legales e ilegales, las comisiones y las componendas, que supuso todo esto nos podemos preguntar, ¿cómo vamos a resolver esto?

Tal vez no hayamos comprendido bien el mensaje, y conviene reflexionar sobre el mismo; así que lo primero debe ser leerlo con atención. Y ya nos encontramos con el primer problema, reinventar es un «palabro», como no podía ser de otra manera, y no figura en el diccionario autorizado de referencia. De cualquier modo el castellano es un idioma muy potente, el prefijo re- se refiere a hacer de nuevo, a repetir algo; por lo tanto el significado es claro, reinventar es inventar de nuevo.

De inventar sí encontramos la definición, es “hallar o descubrir algo nuevo o no conocido”, así pues nos incitan a descubrir de nuevo algo nuevo, por lo que existe una redundancia algo extraña. Hay otras tres acepciones para inventar en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua; la segunda es «dicho de un poeta o de un artista: Hallar, imaginar, crear su obra»; esta posibilidad parece más sugerente, ya que los responsables anteriores crearon tal fiasco, llamemos a artistas para que resuelvan los problemas de nuestras ciudades, seguro que los intereses no serán tan espurios como los de los primeros. Pero… la tercera y la cuarta acepción son inquietantes, ya que son «fingir hechos falsos» y «levantar embustes»; a esto debemos negarnos, de hechos falsos y de embustes estamos demasiado cansados, la sensación de engaño está tan difundida en vertical y en horizontal que repetir la ficción de los últimos años sería tan estúpido como suicida. Sin embargo nos queda la duda, estos biempensantes puede estar intentando meternos en la misma rueda anterior, esta situación de desplome total puede favorecer un nuevo proceso de engaño general.

La ciudad probablemente haya sido el invento más grande de la Humanidad; la concentración de energía y de sabiduría que supone la vida urbana es uno de nuestros mayores logros. Desde en esta ciudad pequeña, algo aburrida, pero magnífica para vivir y con una calidad de vida fantástica, tiemblo ante reinvenciones. Solo puede haber salida con las dos primeras acepciones de inventar, busquemos algo nuevo o, mejor dicho, hallémoslo, porque ya está ahí, debajo de los trazados urbanos medievales, de los espacios barrocos o de los parques decimonónicos, llamemos a los artistas, entendidos en su sentido más amplio y participativo y neguémonos a volver a lo falso y al embuste.

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